sábado, 21 de julio de 2012

El dios de la muerte

Hace mucho que no publico una entrada, ¿verdad?
Perdonad, estaba de vacaciones en Marrakech. Mucho calor y muchas especias :)
Bueno, la actualización de esta semana tiene un nombre (chan chan), El dios de la Muerte. Aquí os dejo una aventura de mi detective favorita, Ryssa Boudreaux.
Muchos besos y espero que os guste XD


El dios de la Muerte

Solo podía correr. Sentía el aliento de la muerte rozándole el cuello y enviándole escalofríos por toda la espalda. No quiso mirar atrás. Solo siguió adelante con las palabras que él dijo taladrándole la mente.
¡Cómo pudo haberle creído! ¡Cómo pudo ser tan estúpida y obtusa!
Solo quiso tener a alguien a su lado. ¿Y qué había de malo en ello? ¿Quién podía culparla por no querer estar sola?
De repente oyó a ese diabólico ser gritar su nombre con un cierto matiz de desesperación bajo toda aquella ira. La había visto.
¿Qué podía hacer? ¿Dónde se iba a esconder?
Resonantes pisadas la persiguieron por toda la oscura callejuela. Se acercaban demasiado deprisa. ¡La iba a atrapar!
Intentó acelerar el ritmo pero se resbaló con un charco de agua sucia.
Él estaba cerca. Podía oírlo. Sentirlo.
Se levantó y siguió corriendo pero antes de que pudiera doblar la esquina una gran mano la agarró por el codo y la frenó bruscamente.
̶ Has sido una niña mala, ¿lo sabías?. Y las niñas malas se merecen un castigo.
̶ ¡No, por favor! No diré nada. No he visto nada. ¡No me hagas daño, te lo suplico!
Él esbozó esa sonrisa sesgada que la había enamorado y que ahora solo conseguía darle más miedo aún.
̶ Serás una buena chica ¿verdad que sí? - dijo él en tono amable.
̶ Sí, lo seré. Lo prometo. - respondió ella histéricamente.
La sonrisa de él se hizo más amplia antes de contestar:
̶ ¿Sabes una cosa? No te creo. - levantó el arma y disparó.

***

Una llamada de teléfono me despertó. Miré el despertador con el ojo que había conseguido abrir y vi que los rojos números marcaban poco menos de las seis de la mañana. Mal asunto.
̶ Boudreaux.
̶ ¿Inspectora? Soy el agente Smith. El capitán ha dicho que debe presentarse en la calle Richardson inmediatamente.
̶ ¿La calle Richadson? ¿Y dónde diablos está eso?
̶ Cerca de la antigua cervecería Guiness, en el viejo distrito comercial.
Suspiré audiblemente mientras me levantaba de la cama. Tiempo libre, me lamenté, ¿algún día llegaría a saber lo que era?
No tardé ni veinte minutos en llegar a la escena del crimen. Enseñé mi identificación al agente que estaba allí y pasé por debajo de la cinta amarilla.
̶ Hey, Ryssa. Tienes un aspecto horrible – me saludó mi compañero. Ya podía buscarse una frase más original, la verdad.
̶ Sí, bueno. Tú tampoco eres mi cita soñada. - Jason sonrió mientras me dirigía hacia donde estaba el cuerpo. - Hola, Dick. - saludé al forense. - ¿Qué tenemos?
̶ Mujer blanca. Sin identificación. Entre los veinticinco y los treinta años. No lo puedo decir con seguridad aún pero estimo la hora de la muerte entre la una y las tres de esta madrugada.
̶ ¿Alguna marca? ¿Algo característico?
̶ Nada a parte del disparo a quemarropa. Pero como ya te he dicho más de un millón de veces, hay que esperar...
̶ A que la niña hable – terminé yo por él. Siempre me dice que aunque los muertos no pueden pronunciar palabras, sí que hablan a aquellos que sepan escucharlos. - Gracias, Dick. ¿Puedo retirar el plástico?
̶ Por supuesto. En cuanto hayas terminado levantaremos el cadáver de esta pobre desgraciada. Era muy hermosa, por cierto, si uno mira más allá de la suciedad.
Asentí y retiré el plástico empezando por los pies. Era una manía mía. Voy poco a poco de los pies a la cabeza para apreciar todos los detalles sin que la vacía mirada del difunto me distraiga.
̶ Tiene un tacón roto. - le dije a Jason. - Hay que buscarlo.
Mi compañero mandó a un par de ratas de laboratorio (llamamos así a los de la científica) a reconocer el terreno. Seguí levantando el plástico. Piernas con medias negras agujereadas. Vestido negro de una pieza, liso, de líneas puras, sencillo pero elegante. Justo el estilo de... Sentí un escalofrío y empezó a temblarme la mano mientras terminaba de retirar el plástico.
Solo podía pensar: ¡Que no sea ella! ¡Por favor, que no sea ella!
Pero lo era. Mi mejor amiga. Mi única amiga. Elisabeth Sterling. El recogido estaba deshecho pero se veía que había puesto mucho esfuerzo en peinarse. Estaba finamente maquillada aunque como me había dicho Dick, la suciedad prácticamente la tapaba.
̶ Ryssa ¿qué pasa? Estás muy pálida. - me dijo el forense.
Por detrás de mí oí un ¡Dios mío! y luego sentí una fuerte mano en el hombro. Era la de Jason.
̶ Lo siento, Rys. No sabía que era ella. No le vi la cara.
̶ ¿La conocías? - me preguntó Dick con cara de espanto.
Ignoré su pregunta y formulé la mía:
̶ ¿Quién la encontró? ¿Alguien ha visto algo?
̶ Un vagabundo. No vio nada. Aquí nadie nunca ve nada.
̶ Llévatela ya, Dick. - me recompuse como pude. - Su nombre era Elisabeth Sterling. Lizzie – se me quebró la voz. - Era huérfana. No tenía enemigos que yo supiera y hace nada empezó a salir con un hombre, un tal Jack Fresham. Jason y yo hablaremos luego con él.
̶ ¿Qué haría Lizzie en un lugar como este? - me preguntó Jason.
̶ No lo sé. Esto está muy lejos de su apartamento y de su trabajo. Y no es precisamente un sitio idílico.
Antes de que él pudiera responder los de la científica dieron el aviso de que habían encontrado el tacón. Estaban en la puerta de atrás de la cervecería.
Era obvio que Lizzie había estado allí. La puerta estaba cerrada pero no con cerrojo.
̶ ¿Te apetece pillar algo? - intentó hacer una broma mi compañero.
Se lo agradecí de corazón. Debía distanciarme de la víctima para atrapar al culpable. Se lo debía a mi amiga. Le seguí el juego. Él siempre sabía qué decir para calmarme, era un cielo.
̶ ¿Me vas a invitar a unas ratas a la plancha? ¡Qué romántico! Tú sí que sabes tratar a las chicas.
̶ Y ¿desde cuándo tú eres una chica?
̶ Desde que nací. - y entré a la fábrica antes de que pudiera responderme.
Lo primero que sentí antes de que la vista se me adaptara a la oscuridad, fue la putridez del ambiente. Allí había algo muerto, eso seguro.
Me puse los guantes y saqué la linterna del bolsillo del abrigo. Siempre llevo una por si acaso.
No tardamos mucho en dar con el origen del mal olor. Un cuerpo yacía descomponiéndose a merced de las ratas dentro de una bañera. Había un montón de sangre por todas partes. Era una escena realmente repulsiva.
̶ Avisa a Dick. Me temo que la fiesta aún no se ha acabado.
Mientras Jason iba a buscar al forense yo me dediqué a inspeccionar la zona. No había nada en los alrededores que me ayudara a identificar al psicópata. Tenía que esperar a que la muerta (sí, era otra mujer) le hablase a Dick. Me fijé en que la ropa era bastante cara aunque informal. Vaqueros de diseño, y camiseta y playeros de marca. Tenía anillos en la mano y un par de pulseras. Todo de oro. El móvil no había sido el robo. Tal vez Lizzie había visto algo que no debería haber visto. Puede que hubiera presenciado el asesinato de esa pobre desgraciada, sin embargo, seguía sin saber cómo diablos había terminado en ese lúgubre vertedero.
Unos extraños ruidos me distrajeron. Era como un ronroneo, solo que más fuerte, como si estuvieran royendo algo. Busqué con la linterna y al final encontré la fuente del molesto ruido. Una rata enorme estaba mordiendo una cartera a todas luces de piel. Le arrojé un tubo que encontré tirado y la alimaña salió corriendo.
Recogí el hallazgo y miré en su interior.
¡Pero qué diablos...
Parecía que me estaban jugando una mala pasada. La mujer era Christine Morrison, una periodista sensacionalista que no hacía más que incordiarme.
Llegaron los de la científica junto con Jason, Dick y sus chicos.
̶ ¿Sabes quién es? - preguntó Jason.
̶ Christine Morrison. Una rata se estaba comiendo su cartera. - contesté.
Mi compañero me miró estupefacto y luego adoptó un semblante grave.
̶ Hay que informar al capitán de esto. Sea lo sea lo que está pasando es obvio que tiene que ver contigo.
Terminamos de revisar el lugar. Tampoco había nada.
A eso de las diez de la mañana llegamos a la comisaría. Tenía la impresión de que todo el mundo me miraba por encima del hombro pero seguramente eran paranoias mías. Era imposible que se hubieran enterado aún.
Como todos los días el capitán estaba en su despacho bramando por teléfono. No sé por qué siempre me recuerda a una de esas películas policíacas de Hollywood.
Cuando colgó fue Jason el que hizo la explicación y como era de esperar, me retiraron del caso y me dieron el resto del día libre.
̶ Vamos. Te llevaré a tu casa. - me dijo Jason.
Asentí. La verdad es que no sabía qué más podía hacer. Solo llevaba cuatro horas despierta pero me habían parecido una eternidad.
Arrastrando los pies llegué hasta el coche y cuando lo abrí, me dejé caer como un peso muerto.
Apenas fui consciente del trayecto a mi casa.
̶ Lo cazaremos, Ryssa. - me dijo – Ya lo verás. Tarde o temprano cometerá un error.
̶ ¿Y cuánta gente tendrá que morir para que podamos cogerlo?
Oí cómo suspiraba. Estaba pagando mi mal humor con él, no era justo y lo sabía pero no estaba de humor para disculparme.
Llegamos a mi casa pasadas las once. Me fui directa a la cama. Jason se quedó un rato más pero al final se marchó. Sabía que no me quería dejar sola pero ahora que yo no estaba, era él el encargado del caso. Intenté dormir pero no pude. Solo conseguía pensar en Lizzie. En lo buena que era y en lo mucho que la iba a echar de menos.
Sentí que se me escapaban las lágrimas. Me levanté de la cama. Si seguía así me iba a deprimir.
̶ Me voy al gimnasio. - dije de repente. No había nadie pero aun así necesitaba decirlo en alto.
Recogí mi bolsa y me puse el chándal. Fui a salir pero a punto estuve de chocarme con un niño que iba a llamar a mi puerta.
̶ Perdona. ¿Querías algo, chiquitín?
̶ No soy chiquitín. Soy “gande”. Ya “teno” “etos” – y con la pequeña manita levantó cuatro dedos.
̶ ¡Caray! Eres muy mayor. ¿Cómo podía estar tan equivocada?
El niño se rió y luego me miró fijamente.
̶ El señor “dito” que es “mu” bonita. Es verdad.
̶ Vaya, gracias. Tú también eres muy guapo. - lo cierto es que tenía tan poquita vida social que el que un niño pequeño me dijera que era hermosa me mejoraba bastante el autoestima. - ¿Qué querías?
̶ Un señor amigo suyo me “dito” que le “entegue” “eto”. - me dio un sobre, se despidió con la mano y se metió en uno de los apartamentos del otro lado del pasillo.
Con curiosidad abrí la carta pero no entendí nada. Estaba en otro idioma, que si no me equivocaba, era griego.
Llamé a Jason:
̶ Davis.
̶ Jason, soy yo.
̶ Rys, ¿qué pasa? - me preguntó preocupado.
̶ Me han enviado una carta que creo que está en griego...
̶ Y quieres que te la traduzca. ¿Es que tienes a algún Cirano guardado bajo la manga del pijama?
̶ Para dormir no llevo nada. Bueno, ¿me la vas a traducir o no?
̶ Claro. ¿Qué te parece a la hora de comer? Todavía estoy esperando a que Dick me diga algo.
Suspiré. No quería ponerme a hablar de eso precisamente ahora que había conseguido un minuto de paz. - Te espero donde siempre a las dos. No llegues tarde o tendrás un lugar especial en el despacho de Dick.
̶ No pego con el decorado, princesa. Nos vemos. - colgó.
Cuando guardé el teléfono me di cuenta de que estaba sonriendo. Hacía solo diez minutos pensaba que no lo volvería a hacer. Metí otro tipo de ropa en la bolsa de deporte. Pensaba ir directamente del gimnasio al restaurante. Y aquí viene la parte de preguntar escandalizados “¿con el macuto?”. Pues sí, con el macuto.
A las dos y cuarto ya empezaba a imaginarme la mejor manera de matar a Jason. Detestaba con toda mi alma la impuntualidad
̶ Perdón. Perdón. Sé que llego tarde. No lo pude evitar. - me dijo en cuanto llegó.
̶ Nada te salvará salvo que me digas que estabas en la consulta del médico y que te ha diagnosticado una grave enfermedad incurable y que solo te quedan tres horas de vida.
̶ No es eso. Es que fui a hablar con el señor Fresham y se me hizo tarde.
̶ ¿De verdad? ¿Y por qué no empezaste por ahí?
̶ Porque no me dejaste.
Le miré con cara de pocos amigos y él levantó las manos en señal de rendición.
̶ Resulta que el bueno de Jack estaba fuera de la ciudad por negocios, ¡qué predecible! ¿No te parece?
̶ ¿Has podido comprobarlo?
̶ Sí. Por los billetes de avión, la facturación de la maleta y que su secretaria con medidas de 100, 60, 90 ha ido con él.
̶ Así que solo es culpable de engañar a Lizzie con una tía operada.
̶ Eso parece.
̶ No estás muy convencido.
̶ No tengo nada que pueda demostrar pero no me da buena espina.
Suspiré. Lástima que no pudiéramos encerrar a la gente solo con corazonadas. Cuando fui a enseñarle la carta apareció la camarera y nos tomó nota. Una vez se fue me di cuenta de que Jason llevaba tiempo mirándome fijamente.
̶ ¿Ocurre algo? - pregunté yo inocentemente.
̶ No es nada. Solo me preguntaba si te encontrabas bien.
̶ Hombre, no estoy para echar cohetes pero mejor que esta mañana, fijo.
Y con esa respuesta me sonrió e hizo que sus chispeantes ojos verdes (¿no lo había dicho antes? Unos preciosos ojazos verdes para quitar el aliento) se iluminaran como dos velas reflejadas en hermosas esmeraldas pulidas.
̶ Bueno – me dice - ¿qué querías que viera?
Le tiendo el sobre y mientras lo hago le explico lo del niñito de esta mañana.
̶ Qué raro ¿No te parece? - me pregunta.
La verdad era que sí que me parecía muy extraño por eso lo había llamado en cuanto el niño desapareció. Abrió el sobre y empezó a mirarlo.
̶ Es griego pero es antiguo. - me dijo – La suerte es que no ha cambiado mucho a lo largo de la historia.
Como lo miro desconcertada me explica:
̶ La lengua hablada sí ha evolucionado pero la escrita no tanto, por eso es relativamente fácil comprender lo que pone.
A medida que lee se le va oscureciendo el semblante. No es buena señal y menos cuando me fijo que con la otra mano sujeta el borde de la mesa tan fuerte que los nudillos se le han puesto blancos.
̶ Jason ¿qué ocurre?
Levanta la mano para pedirme que me calle unos minutos más. Al poco deja la hoja en la mesa y me pregunta:
̶ ¿Quiénes la han tocado?
̶ No lo sé. El niño, tú, yo...
̶ Y el que la envió. - termina él. - Vamos. Tenemos que ir a la comisaría.
Me levanto. La camarera nos echa una mirada severa y levanta una bolsa. Yo la sonrío mientras le pago la comida y me la llevo.
Jason ya está en el coche. Me siento a su lado y me quedo callada esperando a que hable, me entrega la carta y me dice que mejor me lo explica delante del capitán para no tener que repetirlo. Así que como es obvio, me quedo con las ganas.
Llegamos en menos de diez minutos y pasamos directamente al despacho del jefe.
̶ Esa carta la ha escrito alguien que se hace llamar Hades y según lo que ha puesto, piensa que Ryssa es su Perséfone.
Lo miro como si me hablara en chino, igual, igual.
̶ En la mitología griega – explica con paciencia – Hades era el Dios del Inframundo, el Señor de los Muertos. A su servicio tenía incontables hordas de monstruos, dioses menores y seres oscuros. Era el encargado de los Campos Elíseos...
̶ ¿Eso no está en Francia? - pregunto intentado hacer un chiste pero por cómo me miró yo diría que no tuvo ninguna gracia.
̶ Como iba diciendo, es el encargado del Elíseo, los Campos Asfódelos y el Tártaro. También era conocido como uno de los Tres Grandes, uno de los hijos del Titán Cronos.
>Perséfone – continúa con la explicación (un poco aburrida, por cierto) – era la esposa de Hades – eso sí que capta completamente mi atención. No me hacía ninguna gracia que un chalado homicida me considerara su mujer. - Según el mito, Perséfone era la hija de Démeter y Zeus. La versión resumida es que Hades la ve, se enamora de ella y decide secuestrarla. Se la lleva al Inframundo. Démeter le pide ha Zeus que haga algo y al final queda todo en un pacto; tenía que pasar seis meses en el infierno con su esposo y otros seis con su madre en el Olimpo...
̶ ¿Y qué tiene que ver conmigo y con los asesinatos?
̶ Para Hades, Perséfone es la personificación de la luz que había perdido muchísimos eones atrás. Para ese psicópata tú eres exactamente lo mismo y por lo que dice, no va a permitir que nadie le quite o manche su luz.
̶ De ahí las muertes de Lizzie y Christine. - medité en un murmullo.
̶ También dice que vendrá a buscarte para llevarte a casa.
Estupendo, el pirado también me quiere secuestrar.
̶ Te pondremos vigilancia. - dijo el capitán.
̶ Se viene a mi casa. Allí le será más difícil cogerla. - dice Jason
̶ De todas formas voy a poner un par de agentes fuera vigilando.
Por lo visto, aquí solo soy una mera espectadora. No importa que sea cinturón marrón en kárate ni cinturón negro en judo. Bueno, si así se sienten más tranquilos... y para que mentir, si voy unos días a casa de Jason, él cocinará para mí y lo que prepara está riquísimo (lo reconozco, soy una aprovechada).
A las nueve de la noche ya estoy instalada en la pequeña casita de mi compañero. Es preciosa, de madera y decorada con estilo sobrio y elegante. En realidad, es un lugar muy reconfortante.
Jason está en la cocina haciendo la cena (¡Bien! Punto para él) y yo me entretengo zapeando en la tele pero la verdad es que no me estoy enterando de nada. Estoy pensando que algo se nos escapa.
Paso unos días en la casa de mi compañero, no sé cuántos exactamente. Cuando no se tiene nada que hacer el tiempo se distorsiona.
Es por la noche. Jason me ha avisado que tardaría en llegar a casa (adiós a la cena. ¡Qué mal!) porque ha surgido una pista. No me ha dicho de qué se trata aún pero de mañana no pasa que me entere. De todas formas, no estoy sola. Tengo dos agentes apostados fuera de la casa, cámaras de vigilancia en todas las habitaciones (salvo el cuarto de baño, obviamente) y un sistema de alarma.
A eso de las diez y media llamaron a la puerta. Cogí mi arma. Una cosa es confiar en los agentes y otra muy distinta es ser tonta de remate.
Miré quién era.
̶ Hola. No molesto ¿verdad?
̶ ¡Dick! Pasa. ¿Qué haces aquí?
̶ Hablé con Jason por teléfono y me dijo que estabas sola así que vine a hacerte compañía.
̶ Gracias. ¿Te apetece tomar algo?
̶ Si tienes algo de vino...
̶ Creo que en el frigo. Ponte cómodo.
Fui a la cocina. Mientras sacaba la botella del refrigerador, llamaron por teléfono. Contesté inmediatamente.
̶ Boudreaux.
̶ ¡Rys! Gracias a Dios que me contestas. ¿Dick está contigo?
̶ Sí, ¿qué pasa?
̶ ¡Tienes que salir de la casa ahora mismo!
̶ ¿Pero qué dices?
Antes de que me pudiera contestar, el teléfono perdió la línea. Cuando miré a mi alrededor vi a Dick sosteniendo un cable arrancado. Por mi mente pasaron un montón de pensamientos y ninguno de ellos fue halagador.
̶ He venido para llevarte a casa. - me dijo.

***

Lo cierto es que aún hoy no recuerdo bien lo que pasó. Todo sucedió muy deprisa. Solo sé que él se me echó encima y que yo lo esquivé y luego todo estaba lleno de policías y Dick no estaba en ninguna parte.
Jason me dijo que consiguió escapar en medio del caos que se formó. Cuando llegaron me encontraron desmayada en el suelo con un golpe enorme en la cabeza. Mi compañero en un principio se temió que estuviera muerta. No estuve en el hospital durante mucho tiempo. Me dijeron que tenía una cabeza muy dura.
̶ ¿Cómo supiste que Dick era el malo? - pregunté a Jason unos días después (todavía seguía viviendo en su casa, ¡bien!).
̶ Fui a hablar con el niño.
̶ ¿Y lo identificó?
̶ Eso fue pura suerte. No conseguí sacar nada en claro pero cuando me iba se me cayó la cartera y el niño, que por cierto se llama Mike, me la recogió y vio la foto que nos hicimos en el cumpleaños de Cramer.
Cramer era un compañero.
̶ Y entonces fue cuando me llamaste y me gritaste como un poseso.
̶ Sí.
Suspiré.
̶ ¿Y ahora qué vamos a hacer?
̶ Por lo pronto tú te reincorporas mañana y en cuanto al psicópata de Dick, te juro que lo atraparemos. Y pagará por lo que ha hecho. - me miró a los ojos y dijo con determinación – Te lo prometo.
Y le creí.