jueves, 14 de junio de 2012

Ángel de muerte

A punto de terminar ya los exámenes, es decir, mañana, he estado mirando viejos relatos, he visto una canción que me inventé hace tiempo y me ha dado un poquito de nostalgia.
Os pongo en situación y después cuelgo la escena.
Adrian, un vampiro que soporta el pecado de la gula, perdió el norte y atacó a Madeline, su Nera, su compañera del alma. Así que para protegerla de sí mismo, la alejó. Sin embargo, ella, que es una cantante muy famosa, le compone una canción para hacerle saber que no tiene de qué preocuparse, que entendía lo que había pasado y que, aun así, deseaba seguir con él.
Uno de los compañeros de Adrian graba el concierto porque él no había querido verlo y, prácticamente, le grita que saque la cabeza del lugar incómodo en el que la tiene alojada:

        En ese momento, Angelo volvió a entrar en la habitación. Dio al botón del mando a distancia que abría el hueco en la pared entre las dos puertas de enfrente de la cama donde estaba puesta la televisión y la encendió.
- Mira esto y haber si así dejas de comportarte como un gilipollas. - pero Adrian apenas lo escuchó porque en la imagen apareció su Maddie. Estaba impresionante con ese traje de cuero negro que se le pegaba a la figura y hacía que sus senos parecieran más abundantes de lo que en realidad eran y sus caderas más estrechas. Pero lo que más le llamó la atención fue que allí, en sus ojos, estaba de nuevo aquella lucecita que siempre lo había atraído. La chispa había vuelto.
- Bueno, - decía ella en ese instante mientras se apartaba con un elegante movimiento de la mano su magnífico cabello oscuro de los ojos del color de las tormentas. - para acabar el concierto...
Seguramente era la grabación de la función de hacía un par de días. Había hecho todo lo posible por mantenerse alejado pero no había podido evitar el recolectar noticias como otros recolectaban verduras. Simplemente, había sido incapaz.
Madelaine continuó hablando.
- …tenemos algo especial para mostraros. Habíamos estado esperando hasta regresar a Los Ángeles pero nos dijimos, ¡qué diablos, por qué no!. Mi nueva canción está dedica al ser que lleva su nombre, a mi “Ángel de Muerte”
“Ángel de Muerte”... era así como ella lo había llamado. ¿Esa canción era para él? Sin darse cuenta se inclinó hacia delante.
De repente, se hizo el silencio en el estadio y como en un suspiro, o tal vez, un sueño, la música fluyó. Sintió que su alma clamaba por regresar a su lado. Lo estaba llamando de la única forma que sabía. En su interior, esa canción le hizo darse cuenta de lo mucho que la necesitaba. Respiraba por ella. Vivía por ella. Y todo eso se lo dijo un lento lamento melódico acompañado de un piano y unas guitarras eléctricas.
La cámara enfocó a Madelaine justo en el momento en que empezó a cantar con esa voz tan hermosa y sensual que tenía. Era como una hechicera. Era capaz de crear magia sólo con unos acordes.

Luna argéntica, noche estrellada;
Ángel de Muerte, de triste mirada.
Lloras por una libertad que te está vedada.
Ven a mi lado, siente mi consuelo,
déjame cubrir todo tu anhelo.

Ángel de Muerte, de triste mirada,
que sufres por tener el alma destrozada.
Si te quedas a mi lado,
ahuyentaré la oscuridad que te ha tragado.
Conmigo estarás siempre a salvo.

La hermosa música se elevó por el cielo, traspasó la pantalla de la televisión y le suplicó que regresara a su lado porque, como decía la canción, con ella estaría a salvo. Lo seducía con insistencia a través de las notas y las palabras.
Madelaine empezó a cantar el estribillo con Hanna y Michael haciendo los coros, mientras en hermano de su Nera (imposible pensar en ella de otra forma que no fuera esa) tocaba con gran maestría el piano tan poco usual en sus manos.

Destino de alma perdida,
en el infierno te hallas, en mar de agonía.
Escucha mi voz, mi dulce tormento;
estoy esperando a tu encuentro.

La música se volvió lenta otra vez obedeciendo una cadencia diseñada para engatusarlo desde el primer tono.
Ángel de Muerte, de triste mirada,
déjame cuidar de tu luz opacada.
Ven a mis brazos, yo soy tu consuelo,
y juntos alcemos el vuelo.

Sonó un solo de piano seguido después con las guitarras acompañándolo y, de repente, su Maddie cogió un violín que estaba al pie de la batería de Russell y empezó a tocar con el resto. Jamás había escuchado algo tan hermoso. Y era para él. Lo había compuesto por él. La música siguió sonando hasta alcanzar un punto, sin lugar a dudas, culminante en la canción, y, de la misma forma que lo había cogido, volvió a dejar el violín donde estaba y volvió a repetir el estribillo.

Destino de alma perdida,
en el infierno te hallas, en mar de agonía.
Escucha mi voz, mi dulce tormento;
estoy esperando a tu encuentro.

Espero que os guste. Tal vez, algún día su historia vea la luz aunque sea de forma modificada :)
Besos